martes, 27 de noviembre de 2012

La comida: eso que a mi me gusta tanto y a ella nada



Desde que Mencía llegó al mundo ha sido un poco "petardilla" para comer. Primero, no sabía succionar y no había manera de que cogiese el biberón. Cuando comenzó a cogerlo se dormía, después le daba pereza y había que movérselo como si fuesen unas maracas para que comiese y a los cinco meses decidió que lo abandonaba para siempre y comenzamos con la cuchara (desayuno, comida, merienda y cena, todo un reto).

Los comienzos con la cuchara fueron como con todos los peques: una historia de baberos y miles de toallitas manchadas (vamos a comprar acciones de alguna marca porque el consumo es casi industrial en esta casa). Poco a poco fue acostumbrándose, hasta que le cogió tanto el gusto que decidió provocarse el vómito para volver a comer con la cuchara doble ración. Así hemos estado bastantes meses hasta que le dio por escupir y hacer pedorretas, toda una aventura... Un inciso: con la chica que la cuida ha comido siempre como una campeona, el problema somos los padres. Buaaaaaa buaaaaaa, buaaaaaa...
A la vuelta del verano comenzó la guardería: allí come divinamente, incluso ella solita, y con la chica que la cuida igual, todo como la seda. Pero con sus papis... NADA DE NADA, los fines de semana los pasamos prácticamente en blanco.
Como ya estaba un poco paranoica, esta mañana la hemos llevado a la pediatra y ha confirmado mis pensamientos: la muy lista lo hace para llamar nuestra atención y el tratamiento es ignorarla. Si hasta ahora nos pasábamos una hora, al menos, haciendo piruetas para que comiese con nosotros, a partir de mañana tenemos que pasar a la fase de la ignorancia. No sé cómo lo llevaré, la verdad, porque se me cae el alma a los pies cuando veo que no come.
Ya os iré contando...

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Sole